I
Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.
II
¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar?…
Todo el que camina anda,
como Jesús, sobre el mar.
III
A quien nos justifica nuestra desconfianza
llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
Jamás persona el necio su ve la nuez vacía
que dio cascar al diente de la sabiduría.
IV
Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender.
V
Ni vale nada el fruto
cogido sin sazón…
Ni aunque te elogie un bruto
ha de tener razón.
Comentario:
«¿Para qué llamar caminos a los surcos de azar?»
Me pregunto si Machado veía el mundo como un sin sentido. Su melodía y ritmo son fantásticos, tanto así que algunos de estos versos fueron usados para una canción (bastante famosa) de Luis Eduardo Aute, es líricamente atrapante, un poema bello. El uso acertado de ciertas palabras que son toscas (como «ingrávidos» o «bruto») da cuenta de su talento, y la estructura general da cuenta de su talante. Sin embargo, lo que más me llama la atención es su profundidad, tiene infinidad de capaz, listas para ser desplegadas melosamente sobre la mesa del lector:
¿Es la vida un espacio carente de propósito, hemos sido arrojados al mundo desnudos de sentido, para qué vivimos aparte de para sobrevivir, qué otro fin nos depara que mantener viva a la especie?
En esta escala de grises tristes ¿Podemos ser felices, hay felicidad en la simpleza, hay felicidad en el sin sentido?
Despliégate.